Viva la Vida. Quiero
comenzar con esa frase y con esta canción de Coldplay, viva toda forma
de vida, sea humana o no, desarrolada o en gestación.
Ya llevo casi dos años
interviniendo activamente en los hospitales, centros de salud, maratones
y todo lo que tenga que ver con el ámbito de la salud, tanto pública
como privada. He visto muchas cosas en este tiempo: Bebés abandonados,
chicos quemados, niños en estado de coma, incluso casos bastante
dolorosos como así también internaciones que duran más de un día como un
poco de fiebre o un dedo quebrado por jugar... Pero los niños que
intentan suicidarse... Esos sí son casos especiales con los cuales hay
que tener muchísimo cuidado.
Por "ley" (ley entre
nosotros, no formal) no hablamos de la situación del paciente, a menos
claro que él o ella quiera hablar de eso. Es por una cuestión de
respeto, tenemos que desarrollar nuestra capacidad de empatía hasta
límites insospechados, colocarnos en los zapatos del otro y ver su
realidad desde ese punto de vista que está viviendo. Antes de comenzar
una intervención hacemos lo que llamamos el "desembarco" (cuando
llegamos vestidos de civil y nos dirigimos hacia nuestro lugar de
siempre para formar los grupos) y el "pase" (una persona, o todo el
grupo se acerca hacia las enfermeras y hacemos una serie de preguntas:
¿Qué niño hace mucho que está internado? ¿Quién tiene programada cirugía
para hoy? ¿Quién está solito? ¿Qué paciente recomienda que veamos
primero y cuál no se puede ver?). Durante el pase las mismas enfermeras
nos recomiendan algunos pacientes que se encuentran deprimidos o tristes
y nosotros tomamos nota de ello; pero siempre, SIEMPRE, hacemos dos
cosas: Anotamos todos los nombres de los internados y la causa por la
que están allí. Y de cincuenta pacientes siempre hay un suicida.
Cuando vemos que está
escrito con marcador esa palabra que causa un calosfrío en todos
nosotros ya tenemos a nuestro primer paciente de la tarde.
Luego de todos estos
años recopilé información y llegué a la conclusión que cerca del 80% de
los pacientes que intentaron acabar con su vida eran niñas, sólo el 10%
varones. De esas niñas, la gran mayoría oscilaba entre los 16 y 14 años
de edad, el resto entre los 13 y 10 años. En cuanto a los varones casi
todos tenían menos de 16 años. Cabe mencionar que cuando se ha cumplido
los 17 años de edad ya no pueden recibirte en el Hospital de Niños y te
derivan a uno de mayores de edad, en el caso de Salta es el San
Bernardo. La verdad, no sé porque hacen esa diferencia, siendo que aún
con diecisiete años sos menor y "deberían" aceptarte en el de Niños.
Según entendí es para evitar "situaciones de abuso" por parte de los
mismos pacientes.
Al intervenir con un
paciente que ha pasado por esa situación se está enfrente de alguien que
se odia a sí mismo o no puede aguantar la situación por la que está
pasando. Entonces, nuestro trabajo es empezar a adivinar (ya que no
podemos preguntar) qué es lo que sucede con esa persona que ha llegado
al punto de intentar acabar con su vida: ¿Será que sufre bulling en
el colegio? ¿O sufre algún tipo de abuso en su casa? Hasta incluso
debemos considerar que "sólo quiere llamar la atención". Sé que esto
suena horrible, pero mi madre es psicóloga y siempre dice que "la
persona que quiere acabar con su vida, lo hace. El que no juega en el
límite de la muerte y la vida, si necesita trece pastillas para matarse
va a tomar diez; pero ese pedido de auxilio o llamado de atención hay
que tomarlo en serio". Las razones son infinitas pero siempre tienen el
mismo resultado: El dolor.
El dolor de los familiares, de los amigos, de las personas que quieren a esa persona, y sobre todo del paciente mismo.
Hubo una ocasión que con
mi tía del alma tuvimos que intervenir a una niña de catorce años en
esa situación. Ninguna de las dos sabía como actuar en estos casos ya
que era nuestra primera vez ante tremenda posición, así que antes de
intervenir hablamos entre nosotras y nos pusimos de acuerdo en algo: No
hablar sobre lo hermoso que es vivir ni tampoco hablar del futuro.
Tengan en cuenta que
nosotros no tenemos un "Manual de Intervenciones" con el cuál guiarnos.
Antes de comenzar con las payantías tenemos clases de psicología,
bioseguridad, actuación, entre otras cosas pero carecemos de
bibliografía; así que casi el 100% de los casos debemos improvisar.
Me sorprendió gratamente
que esta niña en cuestión nos recibió con lágrimas y risas, igualmente
su mamá. Fugazmente obsersevé sus brazos y me dí cuenta del "método"
usado en el que se puso en esa situación a sí misma. Conversamos y
jugamos, y por un momento, sólo por cinco minutos, olvidó la pena que la
atormentaba. Con eso ya estamos cumpliendo con nuestro trabajo.
Nosotros no somos médicos, no operamos ni recetamos medicamentos; me
gusta llamarnos "estrellas fugaces". Si alguna vez viste una seguramente
recordarás lo que se siente al maravillarte por unos segundos con ese
destello que se muestra sólo para vos y luego desaparece. Nosotros somos
así.
Al final, esta niñita
nos agradeció profundamente el haber entrado en su habitación,
desconozco si el problema que la atormentaba llegó a su fin, si ahora es
feliz o si aún continúa; tenemos prohibido entablar relación con los
pacientes por una cuestión de respeto a la privacidad, pero lo que sí se
es que siempre recordará que una vez dos payasas locas entraron a su
pieza en el hospital e hicieron que riera hasta llorar.
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